PRIMER DIRECTOR DE CAMARAS DE LA TELEVISION SANJUANINAFebrero 17, 2017

Enrique Pintos: “Todo comenzó con una sola cámara”

¿Cómo fue la televisión sanjuanina en los primeros años? Enrique Pintos, fue el primer Director de Cámaras que tuvo Canal 8 y en esta empresa participó de los comienzos de la programación local.

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Enrique Pintos
Enrique Pintos
Durante años la publicidad televisiva se hizo en vivo. En esta imagen se ve no sólo a los locutores, sino también los cartones y los productos que se mostraban en distintos stands ubicados en el estudio de Canal 8.
Las visitas de artistas de fama nacional eran comunes en los años 60 y 70. En esta foto, rodeando a Tato Bores aparecen, de izquierda a derecha, Enrique Pintos, Marcelo Campillay, Luis Castro, Jorge Fernández, Silvio Falanti, uno de los encargados de utilería y Hugo Gordillo, quien entonces era Asistente de Dirección.
Cuando construyó sus estudios y tuvo equipos nuevos, Canal 8 puso en el aire gran cantidad de programas locales. Uno de ellos, que perduraría durante muchos años, fue “Femenina”, con la conducción de Nina Galván, quien aparece en esta fotografía de 1967.
Pintos en el primer control de cámaras que tuvo Canal 8. “Poníamos todo sobre una de las mesitas del bar de la boite del Hotel Estornell”

El 2 de mayo de 1964 Canal 8 de San Juan inauguró sus emisiones. La empresa de Jorge Estornell había empezado su historia con un equipo prestado por Canal 13 y muy poco personal formado. La planta transmisora y control de operaciones funcionaban en el sexto piso del edificio de la Galería Estornell, mientras que un improvisado estudio se había ubicado en la boite del Hotel Estornell, en el subsuelo.

Muy pocas familias sanjuaninas tenían un aparato receptor. Los televisores eran muy caros. “Los compraban las casas de comercio y los cafés. Los dueños de las confiterías vendían la publicidad estática que ubicaban alrededor del aparato, y cobraban el café más caro durante las horas de emisión”, cuenta Enrique Pintos, Director de Cámaras de Canal 8 casi desde sus inicios hasta comienzos de los 80, cuando se dedicó por completo a la docencia.

Nacido en Buenos Aires, Enrique Pintos estudió Dirección de Televisión y llegó a San Juan luego de trabajar en Canal 6 de San Rafael, que —como casi todos los canales provinciales— se estaban iniciando en los años 60.

—¿Qué salía al aire en Canal 8 cuando llegaste a fines del 64?
—Películas de cine y algún programita en vivo, muy sencillo, con alguien que se paraba frente a la única cámara y hablaba. El día que yo llegué estaba Guillermo Grau en el aire; había empezado “Domingos estelares”. Grau se ponía un smoking y presentaba números artísticos, como si estuviera en un restaurant.

—¿Cómo era trabajar con una cámara?
—No sólo era la única, sino que en esa época ya era antigua. Los cameraman estaban estáticos, ni la cámara ni el operador se movían en horas. Esta cámara era a lámpara, y esa lámara se quemaba cada tanto, mientras estábamos al aire. El cameraman tenía un guante de amianto y unas lámparas de repuesto en el bolsillo; entonces sacaba la quemada y ponía la nueva, mientras la imagen al aire se cortaba un rato.

—¿Cómo hacían publicidad?
—Toda la publicidad era en vivo, muchos cartones y con los locutores hablando en vivo de los productos. Las famosas publicidades de Tinelli comiendo un alfajor en cámara fueron en realidad lo primero que se hizo en televisión. Muy rara vez el vivo se interrumpía con una película de publicidad, pero eran muy escasas, era cine. Sólo las podían hacer el gobierno o empresas nacionales. Las pocas locales eran las que hacía Reinaldo Mattar.

— ¿Qué programas salieron en esos primeros tiempos que estuviste en el canal?
—Los sábados a mediodía salía, durante una hora, Actualidades Sanjuaninas, que conducía Lucy Campbell. En ese programa pasaban cumpleaños, fiestas, casamientos filmados por Reinaldo Mattar. También traían a algunas figuras. En ese primer tiempo muchas horas de programación se cubrían con series de Estados Unidos, que venían enlatadas en 16 mm. Duraban media hora y se enganchaban unas con otras. Cuando hubo más gente formada, surgieron más programas locales.

—Empezó el noticiero…

-Si; hacía falta algo informativo en vivo y sacamos Noticiero 8, con Elpidio Paredes, que fue el primer conductor. Él tenía que contar todo porque había muy pocas imágenes de noticias. Las pocas que había eran filmadas, en cine, en películas reversibles, que tardaban 40 minutos en revelarse. Y también eran mudas, o sea que había que hacer en vivo el comentario.


_¿Cuándo mejoraron las cosas?

—En realidad empeoraron para después mejorar. Creo que fue a fines del 65 cuando un día llegó un camión semirremolque de Canal 13 y cargó todos los equipos, todo el canal, menos la cámara, y se fue. En ese momento se produjo un gran cambio, que la gente seguramente no recuerda. Ya no podíamos hacer programas en vivo porque tuvimos que llevar la cámara a la planta transmisora; ahí se proyectaba una película en una sábana y se tomaba con la cámara de vivo para que la película saliera al aire.

—¿Nunca apagaban esa cámara?

—No, a esa cámara hay que hacerle un monumento.

—¿Cuánto tiempo duró esa situación?

—Yo creo que casi dos años, todo ese tiempo pasando películas en la sábana. Eso duró hasta que en el 67 llegó un equipo nuevo, que Estornell había comprado en Francia. Este era el primer canal que tenía esos equipos. Eran tres cámaras con zoom y al lado de lo anterior eran una maravilla.

—¿Seguían haciendo los programas en la boite del hotel?

—No; trasladamos el estudio. Tiraron abajo el escenario del teatro y en ese lugar se construyeron dos estudios; los camarines del teatro se convirtieron en camarines de televisión. Se hicieron tres pisos para el canal y empezamos a trabajar con tres camarógrafos, sonidistas, iluminadores y parrilla de luces. Recién ahí era un canal en serio.

—Todo cambió…

—Si, en ese momento vino lo que yo llamaría la época de oro del vivo en San Juan. Llegamos a hacer catorce programas en vivo en un solo sábado. Mientras salía un programa desde un estudio, se iba montando todo para el programa siguiente en el otro. Quedábamos exhaustos, además porque los programas en vivo se ensayaban todos tres o cuatro veces, como si fuera teatro.

—¿Cuándo empezaron los programas femeninos?

—Cuando tuvimos el estudio nuevo. Empezó a salir un programa para mujeres que se llamaba “Para nosotras”, que conducía Mimí Thuller. Era una locutora muy profesional que la señora Conte Grand de Flores, dueña de la agencia que tenía ese espacio, traía de Mendoza todos los sábados. Después empezó Femenina, al principio conducido por Noemí Acosta.Ese programa lo hacía la Agencia Galván y después reemplazaron a Mimí Acosta por Nina Galván.

—El papel de las agencias era muy importante…

-Las agencias compraban los espacios en blanco, contrataban a los artistas y vendían los avisos. Eran épocas de apogeo; los negocios se peleaban por hacer publicidad en televisión, se vendía como pan caliente y comenzaron a filmarse los eventos deportivos.

—¿Qué otros programas propios salieron en esa época de apogeo?

Pedro Herrera, que después fue secretario general del Sindicato de Prensa, hacía un programa que se llamaba “Inconveniente para Mayores”. Hubo también una serie de envíos culturales, que duraban tres o cuatro meses y terminaban. Después empezóSan Juan en Alta Visión”, uno de los mejores programas de la televisión sanjuanina y del país.

—¿Por qué era tan bueno?

—Duraba una hora y media y fue la primera vez en la Argentina que en un programa musical de televisión los cantantes hacían play back. Ese es un dato muy importante. Los cantantes grababan primero su canción en un estudio hermoso que tenía don José Rocha en Catamarca y Laprida; después hacían la mímica en el canal. Don José Rocha se adelantó a la televisión argentina 10 años, porque eso se hizo mucho después en Buenos Aires.

—¿Y en los 70?

—La mayor exigencia que fue alrededor de 1973. En esa época salió Telesábados Gigantes, un programa que hacía la agencia de Sevilla y Barros. Duraba cinco horas, todos los sábados en vivo y con público en el estudio. Tenía muy buena aceptación. Trabajábamos en los dos estudios porque los avisos también eran en vivo. En un estudio se ponían, uno al lado de otro, todos los stands de los comercios. Un locutor salía al aire en un stand, con un aviso, y ya estaba otro locutor preparado para el siguiente. Mientras el segundo salía al aire, el primero corría al tercer stand y volvía a salir y así sucesivamente. El conductor era Rony Vargas y el programa tenía muchos entretenimientos, juegos y música.

—Actuaba mucha gente…

—Sí, porque el programa tenía secciones o partes diferenciadas. Había una parte para niños, otra de deportes con Carlos Meni y Juan Carlos Palma, y así iba pasando gente. Los cameraman terminaban agotados.

—¿Cuánto duró Telesábados Gigantes?

—Creo que más de dos temporadas largas. La gente no ganaba, no sé dónde estaba el negocio. Yo no conocí ninguna agencia que se hiciera rica acá en San Juan; al contrario, muchas se fundieron. Creo que había mucho de aventura, de afán de hacer.

—¿Había “famosos” de la televisión local?

—La televisión provocaba un efecto especial. La gente se peleaba y se pegaba para entrar a los programas en vivo y los que salían al aire eran estrellas. Yo era famoso y eso que lo único que salía era mi nombre en un cartel.

—En los 70 llegó el video, ¿qué cambió?

—Fue un cambio importante. Podíamos grabar bloques de los programas y entonces evitábamos los accidentes que pasaban en vivo, que en los primeros tiempos eran muchos.

—Venían muchos artistas de afuera …

—Si, especialmente a un programa que se llamaba Casino Show. En los 70 el Casino provincial traía todos los fines de semana dos figuras importantes a nivel nacional para que actuaran en su boite. Por un acuerdo de canje por publicidad, participaban el viernes en el programa Casino Show. Por ahí pasaron las figuras más famosas de la Argentina en ese momento: Olmedo, Guaraní, Alba Solís, Enrique Dumas.

—¿Qué opinás de la televisión de hoy?

—Es otra época, es una televisión más directa, más llana; creo que antes teníamos otros criterios de calidad. En este contexto tenés un Tinelli, por ejemplo, que siempre va tocando la línea de hasta dónde se puede llegar: hoy medio desnudita, mañana desnudita del todo y así sucesivamente.

—¿Dirías que todo tiempo pasado fue mejor?

—No, en absoluto. Se ha avanzado mucho y eso es evidente en la televisión sanjuanina y nacional. A nivel local, te diría que lo más serio que se está haciendo es La Ventana. En los canales nacionales sigue habiendo buena calidad en las telenovelas y en el deporte, pero también se hacen muchos programas “a la parrilla”: conductores que improvisan y le “tiran la cámara” a cualquier invitado. Cuando no hay inversión, se nota.

—Siempre le decías a tus alumnos que la televisión pobre no existe…

—Y es así. Esto es un negocio y el que piense que la televisión puede ser otra cosa está equivocado.

“En vivo y en directo”


— Hay cientos de anécdotas de situaciones cómicas que sucedieron cuando todo era en vivo ¿De cuáles te acordás?

— Hacíamos en vivo, desde el estudio, las misas de los domingos, con el padre Maggi. Traían niños de las escuelas que, como tenían que comulgar, llegaban en ayunas. En verano, con 45 grados dentro del estudio, los pibes se iban desmayando. A tal punto era esto un problema, que teníamos una persona cuya principal ocupación era ir sacando disimuladamente a los chicos que se caían al piso desmayados. Y la misa seguía…

— Una vez se desmayó Nina Galván…

— Si, una vez, estando en vivo, se empezó a sentir mal y se desmayó, pero lo peor es que se agarró de la punta del decorado, que era como un castillo de naipes, y con ella se vino todo el estudio abajo.

— Con el video eso terminó…

— El video tape nos permitió evitar esos accidentes, aunque el primero que vino era sistema cuádruple, con el que había que grabar de punto a punto, es decir, un bloque entero, de corte a corte. El problema era que si estabas grabando un bloque de ocho minutos y se equivocaba en el séptimo minuto, tenías que empezar de cero.

— ¿Qué fue lo peor de lo que recordás?

— No sé, hay miles, como una vez que Guillermo Grau desarmó una cocina en vivo. Él tenía que mostrar lo fácil que era sacar la puerta para limpiarla y la cocina se empezó a caer a pedazos. Otra vez un tipo que hacía de payaso en el bloque infantil de un programa llegó borracho y empezó a contar cuentos verdes al aire. Una de las peores situaciones que pasé fue en el 69, para el quinto aniversario del canal. La empresa organizó una gran fiesta que se llamó Paella Show, en el lugar donde funcionaba la Terminal de Ómnibus, donde ahora está Carrefour. El lugar era un tubo, corrió viento y el humo de las paellas, que se cocinaban detrás del escenario, no dejaba ver nada y estábamos transmitiendo en vivo.




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